Por Luis Aguero Wagner
Todos los años por estas fechas, los historiosos voceros de la Historia colonial y entreguista que padecemos, acostumbran omitir ciertos sucesos de primerísima importancia en el devenir nacional, por lo que decidí tomarme tiempo para redactar una breve memoria de tales hechos. Una memorable sesiòn del Directorio del Partido Liberal había acaecido el sabado 16 de Febrero de 1940, donde un sector de conjurados habría de sacrificar el Parlamento y la Constitución Nacional para entregar la repùblica maniatada a sus verdugos.
Aquel día gris salvaron la dignidad del liberalismo paraguayo con su vibrante oposición: Juan Francisco Recalde, Jerónimo Riart, Orué Saguier y Francisco Sapena Pastor. Hoy sufren éstos el polvo del olvido y sus nombres, como el de tantos otros próceres civiles de la repùblica, poco dicen a sus correligionarios de hoy, quienes sin embargo se deshacen glorificando las veces que tienen oportunidad al dictador Estigarribia y a su camarilla de filo-fascistas en la que destellan con brillo propio nombres como Justo Pastor Benítez, Pablo Max Insfràn o Efraim Cardozo. Hasta ese punto confirman quienes hoy tienen la representación del Partido Liberal su condiciòn de aspirantes a colorados, imitándolos incluso en la costumbre de ensalzar zalameramente a los más nefastos tiranuelos.
Aquel día gris salvaron la dignidad del liberalismo paraguayo con su vibrante oposición: Juan Francisco Recalde, Jerónimo Riart, Orué Saguier y Francisco Sapena Pastor. Hoy sufren éstos el polvo del olvido y sus nombres, como el de tantos otros próceres civiles de la repùblica, poco dicen a sus correligionarios de hoy, quienes sin embargo se deshacen glorificando las veces que tienen oportunidad al dictador Estigarribia y a su camarilla de filo-fascistas en la que destellan con brillo propio nombres como Justo Pastor Benítez, Pablo Max Insfràn o Efraim Cardozo. Hasta ese punto confirman quienes hoy tienen la representación del Partido Liberal su condiciòn de aspirantes a colorados, imitándolos incluso en la costumbre de ensalzar zalameramente a los más nefastos tiranuelos.
Aquel triste febrero de 1940 se produjo, pues, lo inexplicable: dirigentes "liberales" autorizando por doce votos contra cuatro la disolución del Congreso. Habían faltado a la sesión diez miembros del Directorio, con los que habría sido imposible inaugurar un régimen totalitario en Paraguay aquel 18 de febrero de 1940, y dar a conocer el hecho al pueblo el día 19. Los cuatro schaeristas se habían mantenido neutrales, en tanto se hallaban decididos por defender las formalidades democráticas B. Rivarola, L. Riart, Burgos, Jerónimo Riart, Orué Saguier, Dávalos, Sapena Pastor, Gavilán, Artaza, Prieto, C. Centurión, Saguier Aceval y Juan Francisco Recalde. El total de los que podían asistir y votar eran 26, pero una maniobra apoyada en el dictador consiguió desarmar el Directorio Liberal.
Esta breve reseña de cómo se legitimó la arbitrariedad en Paraguay, solo pretende señalar la olímpica hipocresía de quienes, al parecer, nunca han renegado del apoyo político de su partido a un dictador militar , con el que se abrió camino para el viaje a la demencia que nos condujo al actual "País de Maravillas".Lo expuesto solo pretende replicar a quienes por estos días, desde las alturas de la patria periodística, han reanudado hostilidades contra el flujo de la razón atribuyendo al movimiento revolucionario de febrero de 1936 el haber sentado las bases de la dictadura en Paraguay.En estos tiempos en que vientos antiimperialistas sacuden al continente, y Estados Unidos pasa por una crisis de credibilidad sin precedentes, difícilmente pueda esperarse que un pueblo latinoamericano se encuentre tan desinformado como para ignorar el papel del imperio norteamericano en la gestación y consolidación de las dictaduras latinoamericanas, y atribuir alegremente este fenómeno a un movimiento revolucionario previo a la guerra fría, visceralmente antiimperialista y de marcada tendencia hacia la democracia social como el que encabezara Rafael Franco el 17 de Febrero.
En cuanto al célebre Decreto 152, tantas veces recordado con malicia, no nos queda sino repetir que con todas sus letras, deformidades y esencias, es hijo legítimo del Partido Colorado. Su mismo redactor había sido Bernardino Caballero(h) y sus principales inspiradores Felipe Molas López, Manuel Riera y Natalicio González. El mismo tribuno colorado Osvaldo Chávez, de insospechada honestidad intelectual, jamás tuvo inconvenientes para reconocer que el Decreto 152 llevaba sin lugar a dudas "la impronta de Natalicio González".
Lo más incongruente de todo es que quienes repiten una y mil veces la cantinela sobre dicho Decreto no hacen otra cosa que hacer coro a lo afirmado en sus alegatos y libelos por grandes colaboradores del dictador Stroessner como Juan José Benítez Rickman o Luis María Argaña, éste último incluso inspirador del vitaliciado, con que el único líder y ocho veces candidato del Partido Colorado a la presidencia, pretendió reeditar la dictadura perpetua con la venia de Washington.Un protagonista de primera línea en los sucesos de Febrero de 1940, mes inaugural de la trilogía "Estigarribia-Morínigo- Stroessner", reconoció a Seiferheld que todo empezó con un exhorto del imperio norteamericano que unos cipayos sin mayor discernimiento se apresuraron a atender, por encima de todo sentido común. Muerto el dictador el 7 de Setiembre, en historia muchas veces repetida, el sucesor determinó que convocar a elecciones en dos meses como decía la constitución no significaba que debían llevarse a cabo de inmediato. La convocatoria se hizo, pero para el año 1943.
El resto de la historia es conocida. La doctrina de Seguridad Hemisférica, exportada por EUA durante la Segunda Guerra Mundial fue reemplazada por la de "Seguridad Nacional", cobrando impulso definitivo la militarización del poder político.
Agradezco desde ya la publicación de esta clarificación de sucesos históricos, haciendo sinceros votos porque los favores, dádivas y becas recibidas de embajadas extranjeras e intereses imperiales, dejen alguna vez de nublar la objetividad de ciertos intelectuales paraguayos a la hora de juzgar el papel, en nuestro pasado reciente, de la guerra fría, la "Doctrina de la Seguridad Nacional" y otros engendros que aunque lejanos, son bien conocidos por nuestras grandes mayorías populares. (Publicado en La Naciòn de Asunciòn, 18 de Febrero de 2007).